Hace unas semanas tocò que dos de mis
hermanos me hablaran por wsp (son los únicos dos que me hablan a lo lejos)… a ambos
les contè que me habían diagnosticado con parkinson… uno me dijo “pero que no
eran los remedios?” plop! El otro me respondió con “a mì me pusieron un stent
en las piernas"… otro plop! Significa que hablo otro idioma que ni siquiera
merece respuesta? Es increíble la capacidad de negación y no compasión de
algunas personas. En fin, siempre me vuelvo a asombrar y a doler después de
cada desaire... soy incorregiblemente ingenua
Aquí ha escrito alguien que nunca se asomó a la vida, envuelta en su camisa de fuerza: el miedo... Y ya en el final, atreviéndose
jueves, 16 de abril de 2020
sábado, 11 de abril de 2020
Parkinson
Después de tres molestos años de temblar
incesantemente y sufrir otra multitud de indeseables síntomas y consultar inútilmente a neurólogos de pacotilla que me dijeron "es que usted tiene los nervios hechos trizas"... claro que sí!! que madre acusada por su hijo de abuso sexual no los tendría!, finalmente me
han diagnosticado enfermedad de parkinson. Y sin embargo aquí estoy, encerrada
sola en casa resguardándome del coronavirus. Qué estúpida! La más estúpida de
las blandas ovejas siguiendo a un rebaño que no es el mío… si yo debiera estar
ahora en las salas de los contagiados en los hospitales, buscando mi propio
final. Con qué fin me cuido?? De qué me cuido? De la muerte? Pero si es
precisamente lo que necesito desde hace años. Y esta podría ser mi gran
oportunidad. Pero soy tan cobarde, tan poca cosa que sigo echada aquí como una
marmota en vez de buscar mi fin. Cobarde actitud la mía. Si para qué quiero vivir,
si ni siquiera hay una persona a quien le interese si vivo o muero. Pero me
quedo estática enmarañada en pensamientos oscuros y no hago nada por buscar mi
final… soy patética
sábado, 28 de diciembre de 2019
Mamá
Pienso poco en ti. Cuando te
fuiste no alcancé a sentirme en duelo. L. opacó ese posible sentimiento con su
terrible golpe. Yo estoy ya un poco mejor, recuerdo que te daba nervios verme
con esa cara deformada por la pena. Creo que no me era posible imaginar que mi
cara te dolía por mi dolor, por tu amor hacia mí. Yo nunca sentí que me amaras.
Sí al final noté que eras más amorosa conmigo, pero ya habían pasado 60 años.
Era difícil creerme el cuento. Creo que me empezaste a ‘ver’ un poco. Antes
siempre me sentí o invisible o derechamente molesta hacia ti. Nunca me tocaste,
nunca me hiciste un cariño, no te ocupabas de mí. Yo era bastante guacha en
realidad. No me veías o preferías no verme. Te incomodaba mi existir. Yo sé que
una época fui muy pesada contigo. En mi adolescencia. Pero hoy miro esa actitud
mía y la justifico. Había sido siempre tan ignorada por ti que era imposible no
sentir una tremenda rabia hacia ti. Sin embargo me duró poco. Siempre intentaba
acercarme pero no sabía cómo hacerlo. Tenía mucho miedo a tu rechazo, ese que
me demostrabas con una rabia tan profunda y evidente que se llegaba a acercar
al odio. Yo sufría mucho por ese abandono tuyo. Pero extrañamente como que me
hacía la lesa poniendo mi dolor y mis penas en responsabilidad de mi papá, por
ese miedo que le tenía. Supongo que era porque te necesitaba. Y no renunciaba a
ser tu hija, a que me vieras, me hablaras como una madre debe hablar a su hija.
Te necesitaba. Mi tía K. reemplazaba un poco tu falta pero no era lo mismo. Yo
me sentía con ella segundona, aguachada, pero no de primera línea como sus
hijas –mis primas. Nunca he tenido recuerdos tuyos de gestos positivos hacia
mí. Todo lo que hay y que no quiero seguir recordando, es negativo y rencoroso.
Supongo que tenías tus razones.
Hoy hice una regresión y la psicóloga me
comentó lo que muchos comentamos, pero esta vez me hizo más eco. Te elegí. Te
elegí como mi madre por algún motivo relacionado con mi existencia, con mi
tarea de crecer. Este ejercicio de hoy fue muy interesante. Sí estoy muy cansada.
Y aún no logro reencontrarme en la que soy después de esa experiencia. Madre,
descubrí que tengo un algo de ángel en mí. También descubrí que en una vida
anterior fui ángel y compinche muy cercana de mi padre, siendo él también un
ángel. Creo que él te dejó muy en claro lo importante que era para él que yo
naciera. Y que eso te insegurizó y por eso las emprendiste conmigo, contra mí.
No podía ser contra mi papá porque lo amabas con locura. En el ejercicio A. me
atendió con mucho amor, con un amor dulce y verdadero. Y cortó los lazos que me
unían a ti y a mi papá formando una triangulación enfermiza, que siempre sentí
pesando sobre mí y de la cual no lograba escapar. Hoy comienzo una nueva etapa.
A me invitó a entrar con él en un camino de luz. Cuando le pedí –al final del
ejercicio- que no me abandonara, me dijo que siempre estaría cerca, pero que
ahora que yo sabía que era angélica sabría resolver por mí misma utilizando ese
atributo angelical frente a circunstancias adversas. Como ves madre, hoy doy un
paso importante. Ya no los necesito, ni a ti ni a mi padre. Siempre me
avergoncé de estar pegada a ustedes, sintiendo su incomodidad, y sin poder
hacer nada para volar sola, no tenía valor. Hoy emprendo un vuelo distinto,
sola y autónoma con mi angelicidad. Soy ángel y eso me da una tremenda
tranquilidad y serenidad. Puedo fiarme más de mí misma y de que sabré
protegerme cuando sea necesario. En este inicio de un nuevo camino iré
aprendiendo a usar esta herramienta mágica que siempre estuvo conmigo pero que
yo nunca reconocí. Mamá, te perdono, A me dijo, como Jesús, perdónalos porque
no saben lo que hacen. Y así lo hago madre. Y te dejo libre al tiempo que me
libero. Te agradezco las enseñanzas que me diste aunque no sepa de qué se
trató. Ahora trataré de encontrar o más bien reencontrar ese camino luminoso
que A me enseñó y continuar por esa senda viendo qué más me enseñará la vida.
Junto con perdonarte trataré de sentirme mejor y quejarme menos.
No te digo ni adiós ni hasta la vista
pues no conozco los misterios de la vida y no sé si nos volveremos a encontrar
en estos misteriosos caminos de la vida. Te quiero madre.
jueves, 12 de diciembre de 2019
viernes, 6 de diciembre de 2019
............................................
Vamos a decir las cosas como son. De que
te amo, te amo y te amaré siempre. Y te perdono. Pero parece necesario sanar
las muchas heridas que me hiciste y otras que me hice yo misma por darme entera
a ti. Voy a escarbar y a poner los puntos sobre las íes. No sé si eres bueno,
tampoco yo lo soy pero al menos lo intento. Por ejemplo jamás tuve un mal
instinto hacia ti.
Te cuidè como se cuida un tesoro
invaluable. En cambio tú, recuerda, cómo y cuánto me odiabas cuando creciste.
De niño eras lindo y bueno pero ya había asomos que yo dejé pasar, y creo que
no hubiera sacado nada con tratar de ponerte atajo, es tu naturaleza. Una vez
me dijiste –furioso- ‘crecí torcido’, y te creo. No eres precisamente un
dechado de bondades. Las heridas que me causaste fueron todas en plena
consciencia, dirigidas con mira telescópica al punto de mayor dolor. Fuiste
malo conmigo. Me odiaste. Y probablemente aún me odias. No lo sé y nunca lo voy
a saber porque además eres cínico y mentiroso y si yo te pudiera encarar lo
negarías. Eres capaz de disfrazar (o pretender disfrazar sentimientos de odio).
Aunque sí reconozco y sé que también me
amaste. No eres psicópata. Sólo que tu odio es mayor que tu amor. Te endiosè
por ser mi hijo. De niño te adoraba tanto que me olvidè de mì misma. No tuve
alegrìas propias, no tuve amigos ni pretendientes, no busquè el amor de un
hombre. Me abandonè y me negué como persona, sòlo fui madre. Quizá èse fue mi
error.
Creciste y comenzó a brotar tu odio hacia
mì, poco a apoco fuiste subiendo el tono de tu violencia. Y perdonè todas tus
faltas. Me callè frente a tu violencia hacia mì (sòlo te faltò pegarme, aunque
sì me levantaste el puño). Hasta que hace exactamente 6 años, después de muchos
insultos, garabatos, gestos insolentes, miradas asesinas, me diste el último golpe
artero y cobarde: me acusaste de abuso sexual. Imagino còmo habrás escarbado en
tu mente buscando el peor de los ataques.
Y lo encontraste. Creo que si me hubieras
acusado de asesina me hubiera dolido menos de lo que hiciste. Fuiste inteligente
en tu maldad. Me diste donde màs podìas causarme dolor, en mi condición de
madre. .. también me hiciste otras múltiples acusaciones pero èsas no me
importaron tanto. Eras joven e ignorante de los vaivenes de la vida por tanto
tu moral era victoriana (hacia mì porque contigo mismo te dabas caña larga!!),
porque hasta a mis nietos pusiste en mi contra para dejarme en total orfandad. Te
comportaste igual que mis hermanos.
Malo. Bueno, termino diciendo que a veces
cavilo que hubiera sido lindo tener una hija que me consolara de los dolores que
me causaste. Pero no fue. Ya fue todo asì. No has sido bueno pero igual te
perdono.
domingo, 1 de diciembre de 2019
66
Hoy, a mis tristes 66 me siento màs
fracasada que nunca. En todos los sentidos. No logrè destacarme en un oficio o
una profesión, pasè por la vida laboral sin pena ni gloria (bueno, penas sì y
muchas) y terminè jubilada con una pensión de mierda. No tuve nunca un hombre
que me amara y me demostrara amor. Fui bonita pero no sirvió de nada, estaba
tan ocupada haciendo malabares para que mi hijo sobreviviera que no me fijè si algún
hombre pudo interesarse en mì. Hoy estoy gorda, enferma, fea, deprimida, sin
atractivo ninguno. Por tanto sola, absolutamente sola. Quièn va a querer estar
cerca de una mujer asì, deshecho de deshechos!! Ni los nietos, nadie! A veces
me escribe algún putito veinteañero creyendo que tendrè la plata y la indignidad
suficientes para contratarlo…Pfff
miércoles, 13 de noviembre de 2019
Carta astral…
Hoy a mis largos años una encantadora
astròloga me ha ofrecido confeccionar mi carta astral. Nunca había sabido mi
hora de nacimiento, sòlo que –molestia de mi madre- no pudo comer unos
deliciosos porotos que estaban cocinando; eso me hacìa presumir que había
nacido a primeras horas de la tarde. Pues bien, fui al registro civil y obtuve
mi Acta.
Me habla la astròloga de mi destacada
inteligencia, que es la causa de la mala leche de mis hermanos hacia mì:
envidia.
Respecto al desamor e indiferencia de mi
madre dice son celos de que le quite el amor de su hombre, tu padre.
Estas cosas yo vine a deducirlas hace
pocos años, después de mucho bregar inútilmente por conseguir el amor de mi
familia.
Hablando de mi mala suerte en las
relaciones sociales y especialmente de pareja, me dice que se origina en las
señales que me daba mi padre. Que ningún hombre tendría la inteligencia
suficiente para merecerme, por eso debía quedarme sola y literalmente sería “madrastra
y solterona”. Rompì el mandato de madrastra y tuve a mi hijo pero la felicidad
de ser madre me durò poco. Mi hijo también se sintió menospreciado por mì
respecto a su inteligencia y me cogió resquemor, al igual que mis hermanos.
En las mujeres tambièn despertè envidia y –esto
lo he deducido yo- celos e inseguridad; como mujer inteligente y además atractiva,
era un peligro al lado de sus hombres, a quienes podía deslumbrar fácilmente y
sin siquiera proponérmelo, sòlo por mi naturaleza encantadora.
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