Me cuenta P que estuvo con R. Le contó que se encontró con L y que fue muy hermoso. ¡Sólo se abrazaban y se decían te quiero, te quiero mucho… me hizo tan feliz la noticia!; por R que le dolió el largo distanciamiento, y por L porque me hizo pensar que su corazón está sanando.
A dos
días de esto hoy siento distinto. Me avergüenza un poco sentir así pero tengo
rabia de por qué a mí no!! Si yo fui la más dañada. Si el odio fue hacia mí. Me
duele ser siempre la olvidada, la ignorada. La más maltratada. O la última de la
fila o simplemente ausente, fuera, no me corresponde.
Dios,
siento que es injusto. Fui la mejor madre que pude ser dentro de mis
posibilidades. La mejor abuela, de la misma manera. Y hoy vivo el desprecio y
el abandono de estas personas, mi supuesta “familia”. No es justo!