sábado, 6 de mayo de 2017

VESTIDO DE NOVIA

Estaba viendo en tv un programa de vestidos de novias. Las mujeres cuentan que sus novios las adoran. Van acompañadas de sus madres y amigas, que también las adoran. Sus padres están dispuestos a gastar (aunque son viejotas). Se prueban y prueban y les tienen paciencia.

Yo nunca me imaginé siquiera vestida de novia. No sé si de niña lo habré soñado y si así fue lo olvidé. Tampoco tuve vestido de primera comunión. Mis padres ignoraron olímpicamente mi condición de género. Yo era una cabeza pensante y nada más. Ropas, caricias, amor no eran cosas que pudiera necesitar. Y así se fue forjando mi destino de mujer ignorada.
Yo nunca recibí una petición de matrimonio
Nunca recibí un anillo
Nunca recibí flores
Nunca escuché las palabras “te amo”
Nunca nadie me dijo “te necesito”
Nadie me dijo “te he echado de menos”
Ni “quiero estar contigo”
Ni “yo te acompaño”

Tan indigna soy?
Tan despreciable?
Fui yo misma quien me forjé así? Por qué? Por vergüenza. Creo que me adelantaba a rechazar cualquier posibilidad de propuesta antes de sufrir el desengaño de que no me la hicieran…
Quizá fue por eso que nunca nadie me quiso. 

Por qué no me morí mejor? Por qué no fue real el cáncer que me diagnosticaron, para poder morir?
Una mierda, una real mierda.

Nunca regalona de nadie, nunca en los pensamientos de nadie. Sólo para el sexo algunos pocos malditos

La Malque me hace recordar

Cuando joven muchas veces le hacía verónicas a la soledad con un traguito –su piscola, su vodka tónica, en fin, variedad de cocteles y otros. Leo a la Malque en su post de tequila y me hace recordar. Hoy no puedo acudir al copetito salvador. Me provoca dolor de cabeza. Por una cerveza que me tome, pago con 4 a 5 días de intenso e imbatible dolor de cabeza. Y dicen que no existe la mala suerte!! Imbéciles fariseos dueños de la verdad. Tampoco se me da hacerle a un pitito que, al igual que el vino tinto me causa infinita tristeza siquiera pensar en abordarlos en soledad. Antes fumaba cigarrillos. Hoy después de 15 años sería tonto retomarlo. Ni siquiera me dan ganas. Masturbación? Triste ejercicio de beatas de iglesias vacías y de consumidores de pornointernet. Qué nos va quedando pobre alma mía? El suicidio? Ya le perdí también el interés… Salir al jardín a visitar a mis abandonaditas plantas tampoco… Leer… no retengo ni tres líneas del más simple relato. Hasta hace unos días jugar juegos de internet era lo más! O dormir muchas horas. Hoy ya tampoco... Qué nos va quedando entonces? Estúpido vacío silencio sin respuestas

De tristezas, soledades, mala suerte y peor y peor…

Empecé con mi blog en diciembre de 2010. Le he cambiado el nombre algunas veces por alguno más positivo  a ver si cabalísticamente me cambia el switch. Lo cerré. Abrí otro…Hoy todo sigue igual y peor.
Las gentes que se las dan de cultas niegan la existencia de la mala suerte y me miran con lástima burlona cuando lo digo. Los psiquiatras me medican (aunque les he dicho que no entiendo por qué) para el síndrome bipolar. Preferiría mil veces ser bipolar a esta apática y antipática depresión.
Los bipolares al menos conocen la euforia, la sensación de poder, la alegría exultante…
Yo en cambio jamás he conocido tales niveles de endorfinas y serotoninas en mi organismo –y si alguna vez lo viví, ya lo olvidé.
Sigo siendo la triste, la sola. Y ahora agrego la vieja fea. Antes al menos al salir a la calle recibía infinidad de piropos que si no mejoraban mi estado de ánimo al menos subían un poquito mi autoestima.
Cada vez estoy más sola. Es impresionante. No me quiero quejar de ser la única, pero esta es la mía y pucha que duele no tener a nadie, ni un perro que me ladre (aunque no quiero tener animales). Tuve unos meses al psicópata pero no vale la pena. Es mucho riesgo y mucha agresión a mi alma cansada y adolorida. Tuve un poquito a mis nietos, pero por causa del psicópata los perdí. Tuve a una sobrina, que de golpe y raja me calumnió y se alejó. Tuve una amiga que poco a poco se alejó sin dar motivos. Tuve –o tengo- un único amigo de relación unilateral. Viene cuando quiere (a veces pasan años) y yo no puedo acudir a él cuando lo necesito. Y las pocas veces que le pido algo, no me lo da. Más que amigo es un conocido cercano y muy ocupado con su propia vida como para regalarme un pedacito a mí. Lo mismo que todos. Todos tan ocupados, sin tiempo de sobra para una vieja latosa.…
No me dirán que todo esto no tiene otro nombre más que mala suerte?

No sé si fui mala persona para merecer tantas penas. Tampoco declaro haber sido buena para merecer bondades... Por eso digo lo de la mala suerte. Como no puedo ni pude entrar en los sentimientos de mi madre –que quizá hubieran dado algo de luz a mi mala historia de vida-, no me queda otra que asegurar que tengo mala suerte. Ejemplos tengo cientos o miles, que ya ni vale la pena mencionar… hasta hoy siguen y siguen entorpeciendo mi vida

sábado, 29 de abril de 2017

no más por favor

Tres o cuatro inquietudes muerden por estos días mis entrañas. Yo hago como que no existen o como que no me doy cuenta. Pero el dolor de cabeza incesante y odioso se encarga de tintinearme las verdades.
En orden aleatorio, todas igual de antipáticas, son:
  • ·       El psicópata me tiene chata con tanto insulto y degradación. No entiendo cómo fui a caer, yo que me las doy de intuitiva, en una relación con alguien tan tóxico y desviado. Es impensable recibir tanto insulto siendo yo una persona tan fome y poco vivida. Y en contraste me declara su amor infinito…. Ufff
  • ·       El 12 de mayo debo ir a una audiencia o juicio o no sé cómo se llama, en tribunales, como víctima de amenazas de muerte y torturas de parte del susodicho psicópata. Nunca jamás me ha tocado estar ni cerca de la justicia. No sé cómo funcionan esas cosas. Y tengo miedo de la venganza que pueda urdir este personaje. Ya me tocó vivir su violencia física por eso tengo miedo, porque al parecer no se queda sólo en las palabras.
  • ·       Estoy pasando por un difícil momento laboral. Han aparecido personas que no me quieren. Y que tienen poder para echarme. Que me califican muy mal en todos los sentidos. Mi jefe directo me dice –dubitativo- que no me angustie, que estoy protegida y no podrán echarme. Yo sé que mi eficiencia notable de hace unos años ha ido mermando fruto de esta horrible y persistente depresión que me toca vivir y que no me abandona.
  • ·       Como estoy atendida en el sistema público de salud (léase deficiente), me han dejado sin psiquiatra y por tanto sin medicamentos. Estiro lo más que puedo el chicle dosificando una baja paulatina que sea lo menos dañina posible, pero igual temo sufrir una descompensación en el momento en que no quede ni un milígramo de droga en mi sistema (es decir en 3 o 4 días..ayy)


·       Y remato con lo de siempre. La soledad. Esa que no ceja en su empeño de dañarme. Cómo quisiera tener alguien que me acompañara ese día 12 de mayo. Le temo. Y sin embargo debo hacerme la valiente y asistir, bajo orden de apercibimiento.

viernes, 14 de abril de 2017

He cambiado?

Dicen que nadie cambia. Pero yo ¿Soy la de siempre? O he cambiado? Las gallinas sabrán?
Yo sé que estoy distinta. Qué tanto, no lo sé. Pero he aumentado (de peso, claro) pero también en tolerancia, en paciencia, empatía, en respeto al prójimo (aún no en respeto a mí misma, lamentablemente; ésa es tarea difícil!).
Todos estos cambios me han dado un nivel de seguridad distinto. Sigo arisca social, no me relaciono con los demás, por temor al rechazo, como siempre. Pero ya no siento culpa por no hacerlo. Me asumo como tal y que los demás vean si me aceptan o no. Cosa suya.
A esa seguridad me refiero. A la de escoger libremente sin sentirme presionada (auto-presionada para peor, porque nadie lo hace). Si a nadie le intereso ¿para qué me presionarían?
Estoy distinta en mi autoexigencia. Llego sólo hasta donde puedo. Doy lo más que puedo, pero no hasta matarme en el intento. En todo orden de cosas. Me he relajado. Como la cruz de Luciano pesa tanto, no me queda fuerza para más y lo asumo.
Ése es parte de mi cambio. Sé que aún me quedan muchas aristas por descubrir. Pero voy piano. La presión que me impuse toda me vida no me sirvió de nada. Sólo logró convertirme en un ser amargado y triste. Miedoso e inseguro.
Hoy no tengo prisa. Ni por vivir ni por morir. Ya me rendí a los designios misteriosos. Ni suicidio ni enfermedad. Nada me incomoda mucho.
Tengo algunas certezas y aún muchas preguntas. Vacíos de saber inconmensurables. Preguntas que dejé de hacer por inservibles. Porque aún no tengo las respuestas.
Y así vivo hoy. Siempre triste, con ese tinte inviolable que ya ni lucho por quitarme de encima. Cada vez más simple, menos interés, menos conocimiento, lineal, sin búsquedas que me resultan imposibles de emprender, por lo insondable de sus respuestas.
Ahora me parece que más que Soy, Estoy. Ser o no Ser; Estar.

Y no digo en paz pero sí que siento que el peso de acero que llevaba sobre mis hombros me ha abandonado. Ha decidido retirarse de mí. Ahora llevo los recuerdos de su peso, como el dolor de los miembros amputados. Supongo que poco a poco desaparecerá. Esto es bueno. Muy bueno. Me permite de alguna manera levantar mi cabeza y mirar. Mirar hacia afuera. Hacia los demás. Con mayor liviandad. Y quién sabe si por ahí, de poder mirar, encuentro una ventana que me llame la atención. Será verdad que la esperanza es lo último que se pierde?

miércoles, 15 de marzo de 2017

Dónde está el dolor


























Me pregunto dónde me duele, qué me duele. Dicho en vulgo, hasta el pelo. Dicho por mí, hasta mi astral. Es segundo a segundo, día y noche, duele duele duele. Aaayyyy. Por qué no acaba? quién me tiene bajo el yugo del dolor? Los felices dicen que soy yo misma. Los no felices callan por no saber qué decir. Y yo ya no pregunto, decepcionada de todo, partiendo por mí misma.
Creo que son las ausencias. Una a una las personas se alejaron. Una a una, algunas con percepciones erróneas de mis actuares. Otras por bizarras calumnias. Otras supongo que aburridas de mi cara de víctima dolorida (aunque trate de disimular y sonreír en mueca patética). Otras -la mayoría- sin explicación. Y yo tiendo correos, llamadas telefónicas, whatsappes y nada. El mundo enmudeció para mí. No se oye padre. No hay respuestas. Se quebraron los puentes. 
Duele. Cómo duele. Y pasa de moda porque se vuelve añejo. Y los regalos de Navidad siguen empolvándose esperando que algún niño venga a buscar lo suyo, lo que le trajo el viejito pascuero. Y el dolor sigue. Y cada día renueva sus motivos. Hoy está el psicópata ingobernable, con más miedo que dolor, sin dejar de sentir éste pero por él.
Es como un aura que me envuelve en cárcel. No puedo salir. No encuentro motivos. Un amigo feliz dice que el único motivo debo ser yo misma, sin esperar a nadie, sola como un dedo y feliz, Ja… y claro como él tiene una familia y amigos y personas, le resulta re fácil dar recetas. Pero lo hace de buena fe y por eso lo perdono.

Será hasta el día del juicio final? Juro que si un día antes de morir tuviera un instante de compañía, de amor genuino, de comprensión y empatía, moriría feliz.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Entre el Femicidio y la Soledad

Hace ya varios días que me descubrí. Yo creía que mi enganche con él era por miedo, por compasión, etc. 
Pero caí en la cuenta que hay una razón mucho más poderosa: una vez más, mi soledad. Lo acepto en mi vida con todo el riesgo que ello me implica, con todo el desgaste de vivir amenazada, porque es una persona. Cualquier cosa con tal de tener un lazo hacia la vida, hacia un ser humano, aunque sea el menos indicado, pero es el único. 
Porque entre sus odiosidades y amenazas también alterna gestos de dulzura, de ternura, palabras amorosas (en bajísimo porcentaje en todo caso). 
Soledad. Si busco en mi teléfono, las únicas llamadas que hay desde hace meses, son las suyas, nadie más me llama, ni siquiera en respuesta a llamadas mías sin contestar. Lo mismo en mensajes de texto, nadie me escribe aparte de él.

Es un problema muy peligroso. Si sigo sin poder detener su enfermizo avance acosador, no sé en qué puede terminar esto. Y aunque de verdad no encuentro la forma –lo he intentado de varias maneras- me pregunto si me estaré haciendo trampa al no encontrarla, sólo para no perder el vínculo y verme obligada a volver a la absoluta y cruel soledad de siempre. 
Tengo un miedo real a que cumpla sus amenazas de violencia desatada y sanguinaria. Pero es igual de real el miedo a volver a la soledad.
Lamentablemente soy mujer de poca fe, pero como sea he entregado mi vida a dios, que sea lo que el universo disponga.